No voy a negar que en un principio me parecieron una tira de locos, cantando canciones a Dios, y haciendo dinámicas "aniñadas", yo que no me había confirmado por no estar de acuerdo con muchas cosas que la catequesis me enseñaban y aún más por los jóvenes que intentaban enseñarme cosas que ni siquiera ellos aceptaban, como iba a entender que todas esa "niñerías" tenían un sentido, y que años después no me importa hacerlas si todo es por divertir a niños, e incentivarlos a participar de una iglesia verdadera.
Poco a poco fui conociendo más y preguntándome si en verdad yo servía para eso, es más, dejé de asistir a las reuniones, ya no soportaba tanta cosa, aunque ahora que me pongo a pensar, no era que no lo podía soportar, lo que pasaba en realidad era que no podía creerme tanta gente buena, tan buena fe, no conjugaba con el mundo que yo conocía, donde no siempre estás de acuerdo con las cosas que haces, pero de tanto repetirlas te acostumbras a ellas y "dejan de ser malas", gracias a Dios que en este grupo habían personas muy insistentes, y una de ellas(gracias Lula) me vio en la universidad y me invito a una misión de varios días, en un lugar alejado, con gente que aún no conocía muy bien.
En verdad yo me animé a participar de éstas misiones pues iba a irme de viaje unos quince días, a la sierra que tanto me gusta. Creo que el que haya sido en un lugar alejado y tan hermoso como Chota, ayudó un poco, pero sobre todo me ayudó el estar rodeado de gente que buscaba lo mismo, y me ayudó mucho más aún que lo que buscaban no era para ellos, sino para los demás, para el prójimo, lo que buscaban era ayudar a cuantas personas fuese posible. Y esta ayuda no consistía en dar bienes materiales, aunque cuando era posible se hacía, ésta ayuda consistía en dar amistar, dar comprensión, escuchar, conversar, dar unas palabras de esperanza.
Y agradezco mucho a Dios que haya puesto a personas que me ayuden porque si no hubiesen estado ahí, es muy posible que me hubiese regresado al primer día de la misión, aún no aceptaba muchas cosas que me proponían, y ojo es importante resaltar que digo proponían, pues nunca nadie trataba de imponer sus ideas, y creo que esto es lo mejor que se puede hacer en la iglesia, así se forman católicos convencidos de lo que creen.
Bueno, Chota me hizo cambiar mucho, y tanto me hizo cambiar que cuando regresé a la universidad ya no aguantaba a la mayoría de mis amigos, todos pensaban en trivialidades, en cosas que para mi ya no tenían importancia alguna, prefería estar con mis nuevos amigos, los misioneros, creo que la primera semana después de las misiones, salimos todos los días. Habíamos formado una familia, y tratábamos de estar siempre cerca. Por esto tuve que hablar con el capellán del CAPU, en esos tiempos el padre Héctor Casas, una persona excepcional, y gracias a Dios, él me hizo entender que mis amigos de la universidad no habían vivido la experiencia que yo si, no podía esperar que actúen de cierta forma, ellos no habían conocido a las personas que yo había conocido, no habían visto la pobreza que yo había visto, no habían disfrutado la sonrisa sincera de un niño al saber que vienes a visitarlo desde tan lejos y haber caminado kilómetros de cerros para llegar a su pueblo a jugar con ellos. Aún aplico esta enseñanza, para poder entender a muchas personas.
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