viernes, 20 de abril de 2007

Gracias

Gracias: reconfortante de escuchar pero difícil de decir.

En realidad no es tan difícil de decir, basta con pronunciar dos sílabas, pero hay que ver cuánto nos cuesta pronunciarlas ante los demás o más aún, darnos cuenta de lo necesario que esto es. Algo tan simple como una palabra de agradecimiento al cobrador del bus o al conductor del taxi que nos lleva cada día a nuestro centro de trabajo o estudios, es tan raro que cuando uno lo hace la respuesta más común es un gesto de sorpresa o la duda si en verdad se les está agradeciendo o si se está siendo sarcástico por el no tan buen servicio que generalmente nos brindan.

Un gracias es tan reconfortante que cada vez que alguien lo dice me alegra por un momento el día. Pero ¿por qué es tan reconfortante? Lo es porque significa mucho, significa que lo que se hace no es en vano, significa que alguien lo reconoce.

Entonces, por qué nos cuesta tanto usar una simple palabra si el resultado es tan significativo para alguien más. Supongo que es porque, normalmente, cada vez que damos esperamos algo a cambio, y el miedo de no recibir un “de nada”, o un “igualmente” en retribución, nos impide expresar nuestro agradecimiento. Por eso, si podemos vencer este miedo también podremos alegrarle aunque sea un poco el día a otra persona, y a la vez enseñarle a ser agradecida, a ser una mejor persona, ¿romántico no? A veces hay que ser romántico para romper barreras creadas por uno mismo, y lograr cosas que aunque pequeñas pueden producir un gran cambio.

Parafraseando lo que leí en el polo de una chica muy simpática la semana pasada “Stop fighting! Start kissing!”, ¡Paremos de luchar, empecemos a agradecer!


Román Huerta Manrique